De un tiempo a esta parte, cada vez más por estas fechas, es fácil darse cuenta de cómo tradiciones y festividades de otras culturas van adquiriendo mayor peso en nuestra sociedad. Lo de menos es cómo pronunciemos su nombre: en el caso de la fiesta judía de las luces, hay quien la llama Hanukkah, Januka, Janucá…, lo relevante es que son menos ajenas y van formando parte de nuestras vivencias. Esto es lo que, en los últimos dos años, me está ocurriendo con esta celebración, tan entrañable y familiar del calendario hebreo.
El pasado domingo, 13 de diciembre, Madrid se unió, por segundo año consecutivo, a otras grandes ciudades como Nueva York, Berlín, París o Buenos Aires, que llevan años celebrando en sus calles esta festividad tan alegre y abierta. La Plaza de Oriente fue el lugar elegido para convocar a los medios y a la comunidad judía de Madrid que estuvo arropada, (nunca mejor dicho ya que hacía 5 grados) por el Ayuntamiento de la capital, representado por el Alcalde Alberto Ruiz Gallardón, y por los representantes de Casa Sefarad-Israel. Y aunque el frío y el viento parecían no estar de nuestro lado, finalmente las velas de Janucá prendieron y las bendiciones del Gran Rabino Sefardí Shlomo Amar y los bailes mantuvieron la emoción y el entusiasmo entre los asistentes al grito de: Janucá sameaj, ¡feliz fiesta!
Janucá, que este año comenzó el pasado 11 de diciembre y se celebra a lo largo de ocho días, conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos en el año 165 a.c. Aunque, en palabras del Gran Rabino Sefardí de Israel, Shlomo Amar, esta festividad conmemora un prodigio ocurrido al terminar la guerra cuando los macabeos, para purificar el Templo de Jerusalén, encendieron una menorá (candelabro de siete brazos) que sólo tenía aceite para un día y milagrosamente se mantuvo prendido durante ocho iluminando el Templo, tiempo suficiente para que llegara una nueva provisión de aceite puro.
De este modo, cada año por estas fechas las familias judías celebran esta festividad encendiendo cada día una de las velas de la januquía (candelabro especial de 8 velas, y una más que es la que enciende al resto) y cantando y velando para que su luz no se apague nunca.

